La primera vez que Wilfred me encontró para contarme lo que le había pasado, yo estaba en un callejón vomitando mis penurias. Había salido de ese barcito después de tomarme la vida en una botella, sin éxito alguno de encontrar mi desahogo en el fondo.
Wilfred me levantó con cariño y con la paciencia que un padre tiene para con un hijo, me acunó en sus brazos, o al menos fué lo que pensé, porque con habilidad superior provocó un vómito que hubiese prolapsado mi propio esofago.
Me contó que había estado con el dios de la esquina, jugando al truco. Que era un dios de barrio, venido a menos.
-Otra vez con ese boludo -le dije -. ¿Cuándo vas a caer en la cuenta que los dioses no existen?
-¡Y tampoco existís vos! -me respondió.
Dudé un poco, no lo había pensado asi.
-Escuchame Wilfred... -pero no me respondió. Me dejó tirado en mi vómito mientras se iba.
Lo ví irse, despacito, con sus alas extendidas.
Puto angel, pensé.
Quiero otro trago.
Comentarios recientes
44 weeks 14 hours ago
45 weeks 5 days ago
1 año 26 weeks ago
1 año 28 weeks ago
1 año 40 weeks ago
1 año 45 weeks ago
1 año 51 weeks ago
1 año 51 weeks ago
1 año 51 weeks ago
1 año 52 weeks ago