Heme aquí al pie del cielo

Cualesquiera sea el horizonte, debo de aprender a leerlo. Antes bien, pregúntome hoy como fue que pasó, que aqui quedé parado, sin poder avanzar.

Ví a mi aprendiz, con paso sereno, hundirse en las escalinatas, y quédome yo, por infiel, sin poder tocar siquiera los mármoles divinales.

Pareciera que fue ayer, cuando potestad dióseme sobre el, para cuidarlo, guiarlo y protegerlo, en su camino por valle de muerte.

Muchas muertes y horrores vide, y el a mi lado estuvo. De miedo tiritó en las fauces oscuras, y en otras con bravía enfrentose al destino que por el había.

Y heme aquí hoy, en el limbo de papel, en mi papel de tutor, no pude salvar mi alma, porque hete aquí que infiel soy, más él cristiano es, y él selecto ha sido.

Hoy veo hoy a mi discípulo ascender a los cielos, mientras yo, Virgilio, en el limbo he de vivir, condenado al olvido, pagando el pecado de haber nacido en otro tiempo, en otro lugar.